09 noviembre 2014

Cine, felicidad y un lugar en el mundo

Qué alucinante debe sentirse hacer feliz a la gente. Me refiero a mucha, mucha gente; cientos y cientos de personas extrañas a uno. Proveerlas de momentos inolvidables, de esos que van a guardar en su memoria para siempre y visitarán cada vez que quieran escaparse de un mal trance o recuperar la sonrisa. Ese don maravilloso tiene la "familia" que durante 30 años dio vida al Cine Teatro Córdoba, un rincón que ayudó a hacer especial esta ciudad y que en diciembre apagará proyector para siempre. Sus propietarios hicieron el anuncio días atrás, avisando que aunque lo habitual fue andar al filo en materia de ingresos el cierre no se corresponde con una quiebra sino con un decidido "fin de ciclo".  Pidieron una despedida sin tristeza, y creo que merecen que se respete su deseo...















Foto de La Voz.















Por eso este no es un post de nostalgia acuosa (aunque no puedo dejar de secarme los ojos!), todo lo contrario. ¡Lo que quiero es agradecer desde el corazón e invitarlos a todos a celebrar! Celebrar al cine y el modo increíble en que nos mejora la vida, nos hace soñar, nos rescata de rutinas grises y sacude todas esas capas complejas de las que estamos hechos. Hoy acá no se proyecta Cinema Paradiso, naaaaaaa, ¡hoy vemos juntos una comedia de Woody Allen, de esas que filma de taco entre drama y drama y que le salen de maravillas! Sí, Disparos sobre Broadway es una certera elección!


                     

No se asusten, eso que ven en las fotos no son los archivos que desclasifica el Pentágono, es algo mucho menos letal: son las fichitas que llenaba obsesivamente en mis épocas de facultad, cuando me daba el lujo de pasar la mitad de mi vida dentro del cine. Las encontré hace poco, y apenas supe lo del Córdoba tuve que volver a repasarlas, porque a gran parte de las películas cuyos datos apuntaba allí meticulosamente las vi en ese lugar en el mundo. La frase suena trillada, ¡pero qué cierta se vuelve cuando uno descubre que sintió un sitio de esa manera! Durante los años '90, ese cine de 210 butacas y doble programa fue eso para mi: una coartada de tres horas para escaparme, para disfrutar de un mundo donde todo era más intenso y poético que en la ciudad que esperaba en 27 de Abril, y donde yo misma también lo era.

¡Gracias CTC por Arturo Ripstein! 

                           

¡Cuántas películas y directores maravillosos disfrutados en ese lugar! Cuántos clásicos vividos como experiencia colectiva (algo en lo que el cine, a pesar de Netflix, el DVD y la mar en coche, aún sigue siendo insuperable), cuanto talento descubierto, cuanta charla post película con amigos, qué máquina de recuerdos felices. Qué suerte es encontrar un lugar en el mundo, y sólo a unos minutos en bondi de casa. 


                           


Dije que acá no habría lamentaciones, y no las habrá. Es cierto que da pena perder un espacio con vocación de diversidad y calidad, con ganas de mostrar sin elitismos ni snobismos películas que no se digieren junto al balde de pochoclos -aunque está todo ok con ellas-, sino que se siguen saboreando cuando uno ya está a muchas muchas cuadras del cine.  Pero hay razones para no ponerse triste, y son muy buenas. La primera: nadie nos quita el disfrute de lo vivido. Además, hay muchas ganas y hasta algún proyecto para seguir con el legado del Cine Córdoba, para darle continuidad a su tarea. Por otra parte, el cine, entre cambios y turbulencias, sigue más vivo que nunca. Y también nuestra capacidad de proveernos de "lugares en el mundo", cercanos, accesibles, sin estridencias. Espacios de pequeña felicidad, de disfrute, de creación de recuerdos. Sitios que nos hacen sentir que el mundo es un lugar especial y que tenemos la suerte de habitarlo. Estoy segura que todos los tienen, ¡me encantaría que los compartan aquí conmigo!